La moda es la que impone los nuevos modelos de belleza. De eso ya no cabe duda. Desde las súper modelos de los noventa, en las cuales las curvas eran vitales, hasta la aparición de Kate Moss, en esa misma década, en que la tendencia empezó a pasar por lo andrógino y desarreglado. Pero en la mayoría de los casos en los parámetros de belleza reina la delgadez como la principal característica de pertenecer. Se las quiere inculpar a las modelos, cuando en realidad es la industria la que exige esas medidas corporales, imposibles para la gran mayoría de la sociedad. Aunque quedan indemnes, los diseñadores puede que tengan gran parte de la culpa, al exigir chicas ultra delgadas para caber en sus estrechas piezas o para lucir mejor en las campañas fotográficas, etc. Aunque es verdad que las chicas que trabajan dentro de este universo deben responder a ciertos paradigmas estéticos (siempre desde una forma saludable, aunque ¿quién lo controla?), no así las que no pertenecen a este mundillo. Es que la moda refleja un mundo donde el glamour y el éxito parecen ir emparejado con la belleza exquisita de un cuerpo ultra delgado. Mira sino como han puesto a Kate Moss en la cima de un modelo a seguir (sabiendo que sufre de trastornos alimentarios) o a su ¿heredera? Agyness Dyen, una británica de pelo muy cortito y muy, muy delgada.
Pero desde que la anorexia y la bulimia se pusieron en boga (lamentablemente), la industria fashion quiso sacarse de encima el gran peso de provocarle la muerte o el eterno infierno a miles de chicas, y por ello decidió que en los desfiles más importantes sólo estén presentes aquellas chicas que tienen un índice de masa corporal normal (método para clasificar el estado nutricional), y de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud en adultos un IMC saludable se comprende en el intervalo de 18,5 a 25. Quien empezó con todo esto ha sido España, en su Pasarela Cibeles, lo que supuso la exclusión de esta pasarela a las modelos excesivamente delgadas. Le siguió Londres, Milán, y más recientemente París, donde representantes del mundo de la moda, la publicidad y la comunicación, han firmado, junto al Ministerio de Sanidad francés, un código de buena conducta para combatir la anorexia. Este acuerdo, llamado, “Carta de compromiso voluntario sobre la imagen del cuerpo y contra la anorexia” -resultado de una iniciativa lanzada por el Gobierno francés hace más de un año- tiene como objetivo comprometerse con no difundir imágenes de personas -en especial de jóvenes- que puedan contribuir a promover un modelo de flacura extrema. Por otra parte, para el ámbito de la moda y la creación, se implementará una campaña de información sobre los riesgos que provoca la delgadez extrema. Es que en este país esta enfermedad afecta aproximadamente entre 30.000 y 40.000 personas. ¿Mucho no?
Una de las cuestiones que desataron la polémica, fue la muerte a causa de esta enfermedad de dos modelos latinoamericanas (una brasileña y una uruguaya) -además de los miles de casos que aparecen día a día en el globo-, y desde entonces el fantasma de la anorexia asociada a la moda se instaló en este universo. Aunque echarle la culpa sólo a la moda es muy fácil, hay otros factores que ayudan y mucho. La publicidad, los medios de comunicación, la opinión de los demás (desde tus amigos, familiares hasta toda la sociedad), que aunque son muchos lo que se horrorizan con la anorexia, por otra parte se burlan de las personas gordas o incluso apenas rellenitas, a quienes discriminan con comentarios tediosos.
Pero ¿qué son la anorexia y la bulimia? La anorexia (nerviosa) es una enfermedad caracterizada por el miedo intenso a engordar y por tener una imagen distorsionada del propio cuerpo; esto conlleva a querer adelgazar casi sin comer (o de ingerir lo menos posible de alimentos) y de un exceso de ejercicio. Importante: no se asocia con ninguna otra enfermedad orgánica previa. La anorexia produce alteraciones en los ciclos hormonales y una inmunodepresión con aumento del riesgo de infecciones; así mismo, aproximadamente entre el 5 y el 18% de los anoréxicos muere por desnutrición. Con frecuencia, esta patología se la asocia con depresión y baja autoestima, y los pacientes suelen mejorar con antidepresivos. Asimismo, la psicoterapia y la terapia familiar resultan imprescindibles para el tratamiento; aunque éste es de por vida.
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