LA ANOREXIA: ¿UN PROBLEMA SOCIAL?
El caso de la muerte de la joven Terry Schiavo, después de una batalla legal por las implicaciones morales de decidir la continuación o el término de su vida, sacó a la luz un problema que amenaza a miles de jovencitos desde el rincón más profundo de su mente, y se alimenta de un entorno social desfavorable: La anorexia.
Desafortunadamente, aunque ha cobrado su cuota de víctimas, ( y recordamos con tristeza a la joven de los Carpenter como una de sus presas fatales), la influencia social, lejos de relajarse para dar lugar a una mejor comprensión entre los seres humanos, continúa siendo asfixiante: Además de la publicidad (en prensa, radio y TV) que, por un lado te llena la cabeza de toda suerte de alimentos, a veces sin los requerimientos básicos, por el otro, se envía el mensaje, de reducir el peso a toda costa, promoviéndose desde Hollywood la imagen de modelos tan delgados como un alfiler, debido a las políticas de marketing de quienes imponen las modas con bombardeos en los medios masivos de comunicación, dirigido a la sociedad de consumo, porque, como señala Marvin Harris, “sólo los que pueden dar prueba de su lealtad al ethos consumista encuentran admisión en los círculos más selectos de la sociedad de consumo”(1), aunado a esto, el proceso de transculturación de los países desarrollados sobre los tercermundistas, ha creado la falsa imagen de realización en un cuerpo delgado y flexible, en detrimento de las lógicas características morfológicas de los grupos étnicos, que no comparten el tipo caucásico o anglosajón. En las islas Fidji, los jóvenes, de complexiones gruesas propias de una alimentación basada en el aceite de coco y sus propias herencias étnicas, comenzaron a padecer anorexia en su afán de asemejarse a sus ídolos de los programas televisivos. Fue similar a la aparición de la diabetes entre aborígenes australianos que, luego de consumir miel silvestre durante generaciones, de súbito se vieron inundados de productos con azúcar refinada.
La influencia social, ya sea a través del mercadeo de la publicidad, o a través de los comentarios mordaces de compañeros de trabajo o familiares, tiene un impacto aplastante en la propia imagen visual de los pacientes con anorexia, y son determinantes para proseguir con esta inercia, cuyo final de camino puede ser la muerte misma, como en la ya mencionada Terry Schiavo.
Es tiempo de despertar la conciencia de la sociedad sobre la gravedad de la anorexia y otros problemas relacionados con la alimentación, pues reducen a dentelladas de desprecio y marginación la autoestima, doblegando la felicidad del espíritu, en un mundo dividido entre la imagen del triunfo como cima de la montaña, y la búsqueda de una identidad espiritual para llenar el vacío del corazón del Hombre, o las futuras generaciones vivirán con un nuevo tabú disfrazado de anoréxicos y abulimicos como representantes de la especie humana.
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